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La Historia Paranoica

CAPÍTULO 12: GRAN BATALLA ANTE EL CASTILLO DE TRAVOLTI

CAPÍTULO XII.

 

 

Cuando los orcos se dieron cuenta de que Eric y Ulmo corrían hacia ellos, llamaron rapidamente a los refuerzos.

 

Las tropas de orcos avanzaron en dos grandes grupos que rodeaban a los dos desafortunados. Los wargos corrían por el desfiladero en una afán de cerrar la única salida del valle en el que se encontraba el castillo de Travolti, a la vez que impedían la entrada de cualquier ayuda externa. Los halcones de la espada surcaban el cielo con el fin de atacar, por si los orcos no eran suficientes. Los tanques tomaban posiciones de tiro. Los F27 dirigían sus puntos de mira hacía los dos aventureros. Los magos iniciaban sus ejercicios de concentración, mientras los demonios negros dirigían a las hordas de almas venidas del más acá contra las dos indefensas criaturas. Eso estaba lleno de vietnamitas. Eric y Ulmo tenían miedo, y empezaban a sentir flaquear sus piernas.

 

- Vaya, debemos ser importantes- dijo Ulmo- menudo recibimiento.

 

- Calla, todavía no han atacado- comentó Eric- debe pasar algo, de lo contrario ya nos habrían machacado.

 

- ¿Pero qué dices, hombre? No me digas que no puedes contra unas cuantas hordas de orcos, otras de goblins, otras tantas de almas del más acá, por no hablar de los halcones, etc... ¿Es que no has visto Rambo?

 

- Calla, mira hacia arriba.

 

De pronto había aparecido una pequeña silueta en lo alto de la montaña, acompañado por otra figura, esta última un poco más grande. Pronto se hicieron visibles y a Eric le dio un patatús al reconocerlas. Era el terrible general Isavel Jemio y el despiadado teniente Niebes Errero.

 

- ¡Sorpresa, sorpresa!- exclamó el general- Eric, Ulmo, ¿a qué no me esperabais? - Eric y Ulmo tenían una mueca de horror en la cara- Vamos a ver, Eric, yo sé mucho de ti. Por ejemplo, sé que tienes una novia, llamada Zintia, con la que te vas a casar y...

 

- Bueno- interrumpió Eric- la verdad es que últimamente...

 

-¡A callar!- exclamó el general- ¡Aquí mandó yo y habló sólo yo! ¡Entendido! ¿Por donde iba? ¡Ah, sí! Como iba diciendo, tienes una novia, que está prisionera en Morder por tu culpa, y también sé que... ¡Qué más da! El caso es que... ¡Sorpresa, sorpresa! Zintia pasa de ti. Ahora se monta unas orgías con los carceleros que te pasas. Bueno, Ulmo, también sé muchas cosas sobre ti. Me ha contado un pajarito que hace mucho tiempo que no ves a tu hermanita, que vive en Comercabrón. Claro, y ella no tiene posibilidades de visitarte porque el dinero le va muy justo y tú tampoco puedes pagar el pasaje porque gastas todo tu dinero en bebida. Pero, en fin, ¡Sorpresa, sorpresa! ¡Aquí está tu hermana!

 

- ¡Hermanita!- dijo Ulmo.

 

- ¡Hijo de puta, borracho, cabrón!- gritó la hermana.

 

Después del terrible ataque del general le tocó el turno al teniente de las fuerzas desalmadas.

 

- ¡Señores! ¡Hoy es posible! Hoy conseguiremos que Naemi Kanvell confiese su amor por... ¡Huy! ¡Me he equivocado de guión! Disculpen, hoy es muy posible que os machaquemos, destrozemos, desmembremos y descuarticemos. Y no lo digo por el hecho de tener un ejercito solamente unas diezmil veces superior al vuestro, sino porque contamos con un arma secreta de la megapolla.

 

En ese momento la teniente señalo hacia el cielo y desde ahí bajó la peor pesadilla para Eric y Ulmo. Ahí estaba, sin todo su esplendor, Armen Evilla y su ejército de ovejitas. Ahora sí que estaban perdidos.

 

- Rapido, Eric, haz algo- suplicó Ulmo.

 

Eric, sin pensarselo dos veces, utilzó una de sus cartas, una llamada Rayo, con la que mató a ocho millones de orcos. Mientras, los tropecientos mil orcos, goblins, wargos y compañía se lanzaron a por los dos aventureros.

 

- Oye, Ulmo- dijo Eric- ¿Qué hacemos?

 

- ¡Corre, ponte esta careta!- respondió Ulmo.

 

Nada más ponerse la careta, cosa de doce mil hachazos cayeron sobre cada uno de ellos, unas ciento treinta mil patadas, unos cien mil flechazos y más cosas por el estilo. Pero no les dolía, no sentían nada, y se sentaron para fumarse un peta mientras los orcos se cansaban inutilmente.

 

Por fin llegó el momento en que el ejército se cansó y se retiró a las montañas para reposar.

 

Eric y Ulmo estaban sentados jugando a cartas esperando a que apareciesen los otros cuando llegó un cabo de las fuerzas desalmadas al campamento.

 

- ¡Escuchad! - dijo- Vengo en son de paz. Tengo que hablar urgentemente con vosotros.

 

- ¿Quién eres y qué quieres?- inquirió Eric.

 

- Soy Rody Ragón y pido asilo político. Yo no soy el mal, soy el bien. Por favor, miradme, tengo que aguantar a la Jemio todos los miércoles. ¡Por piedad!

 

- Jo colega, tu mal rollo sí que es un marrón que te pasas. Por mí chachi chachi doble chachi.

 

- ¿¿Qué??

 

- ¡Qué puedes quedarte, coño!

 

- Gracias, gracias. A cambio os diré como podeís vencer a la Jemio y a sus compinches. Utilizad los elementos y que la suerte os acompañe. ¡Oye, por cierto! ¿Qué eran esas caretas? ¿Escudos protectores de mithril? ¿Campos magneticos supradimensionales?

 

- No, no, nada de eso. Son tan solo un par de caretas de Rambo.

 

Mientras acababan la partida de mus los orcos se habían reagrupado y los halcones habían levantado el vuelo. Eric cogió los elementos y se dispuso a machacar al enemigo.

 

- ¡Jemio, escucha bien!- le gritó- ¡Mira, bajo el Black Lotus, un Mox y una montaña, te lanzo tres Rayos con el Black Lotus, un Hair Lighting con el Mox y la sorda balduviana con la montaña.

 

- ¡Qué te crees tú eso!- respondió la sargento- ¡Toma Counter!

 

- Oye, Ulmo, me temo que estamos muertos.- le comentó Eric a Ulmo.

 

Ulmo, que no había entendido nada de lo que habían dicho los otros dos, tuvo una idea:

 

- ¡Vaya putada, no!- contestó- Pero no te preocupes, nos queda una última posibilidad. Sin embargo, es muy arriesgada.

 

- Bueno, seguro que es mejor que morir.

 

- No sé, no sé...

 

- ¡Coño, decídete!

 

- Bueno... Por el poder del megaostionzorditantodesmilodonfugger nautodestructioncaosenergypowerdownbatterydoll, yo Ulmo, conocedor de las leyes, de los juegos más sucios, de las trampas más hábiles, de los negocios más turbios,... ¡Invoco a los Osos Hamorosos!

 

- ¡¡No!!- gritó, aterrado, Eric- ¡Eso no! ¡Es demasiado cruel!

 

Pero ya era tarde. Los osos aparecieron en sus coches de nubes, vieron el caos y empezaron a desprender arcoiris, corazones y demás pijadas por todo el campo de batalla. Los orcos no tardaron en empezar a bailar en corros, cantar con los wargos y reír con los halcones. El efecto fue tal que los orcos pedían a Eric y a Ulmo que por clemencia los matasen. Eric, aturdido por la situación, no hacía más que decir "con mucho gusto" a la vez que cortaba cabezas. Mientras, Ulmo se fijaba en como el general Jemio y la teniente Errero eran atrapadas en el mundo de la cursilería de donde ya no saldrían nunca.

 

Eric estuvo un mes cortando cabezas mientras que Ulmo leía para amplíar su cultura. Cuando Eric cortó la última cabeza y hubo acabado con todo el ejército de fuerzas desalmadas se dirigió hacia Armen Evilla, que estaba presentando el Elecupón con sus ovejitas. Su proposito era matarla, pero le dio pena y decidió mandarla al psiquiátrico. Esa noche, Ulmo y Eric se prepararon una buena cena a base de oveja a la orange.

 

Mientras cenaban los Osos Hamorosos se acercaron a ellos con la intención de ser amigos de verdad para siempre. Al principio, esto a Eric y Ulmo no les pareció nada malo, ya que habían oído cosas mucho peores de esos osos. Pero ya fue demasiado cuando los ositos intentaron limpiarles el culo después de cagar. Fue entonces cuando acabaron hartos de los putos osos y de sus cursilerías. Eric recordó que aun le quedaba una carta del juego de los elementos. Esa carta se llamaba "Incinerar". Se la lanzó a los osos, que fueron totalmente incinerados, quedando reducidos a unos esqueletos sobre los que vomitaron numerosas veces.

 

 

A la mañana siguiente decidieron buscar encapuchados supervivientes entre los cadáveres de orcos, wargos y demás. Sin embargo, sólo encontraban cosas cadavéricas. Finalmente, Eric oyó una voz que lo llamaba. Era Rosanis. Estaba medio muerto, y completamente deformado. Lo ayudaron a levantarse. Rosanis se lanzó a sí mismo un hechizo que lo recuperó casi totalmente.

 

-¡Eric, por fin!- exclamó- ¡Tenemos mucho de que hablar!

 

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