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La Historia Paranoica

CAPÍTULO 10: ULMO Y LOS PITT-U.F.O.S

CAPÍTULO X.

 

 

Una extraña sombra se proyectaba sobre el cuerpo de Orome, despedazado por los diminutos roedores del bosque. La sombra pertenecía a un extraño ser. Había algo anómalo en sus ojos, probablemente sería el hecho de tenerlos completamente negros. Su piel tenía un color inusual. Ostentaba dos enormes espadas. Era un elfo negro que seguía a los aventureros. En ese momento sintió hambre. Pensó en el tiempo que llevaba sin probar bocado, y cortó un cacho de pierna de Orome para comérsela. Decidió dormir un poco antes de continuar su misión y la búsqueda de Eric. Mientras se preparaba el lecho rebuscó entre las ropas de Orome y encontró un pergamino. Lo leyó, sonrió maliciosamente y se lo guardó. Con sendos mandobles con sus espadas degolló la cabeza y abrió en canal lo que quedaba de Orome. Acto seguido cogió la cabeza y la reventó con sus manos. Después decidió desollar la espalda y utilizar los intestinos como cuerdas para hacerse una hamaca. Pocas horas después, Ulmo, el elfo negro, formuló un hechizo en lengua élfica y desapareció entre unas fantasmagóricas llamas violetas, que a su vez prendieron en unas hojas resecas, organizando un gran incendio del que se hablaría largo y tendido en los siglos venideros. De este modo hizo suyo el dicho: "El bosque es de todos, quema tu parte".

 

 

Eric vio surgir unas llamas violáceas entre el resplandor que le rodeaba. Penso que podría tratarse de P. Rea, así que lanzó su mazo mágico para destrozarlo, como ya hiciera Orome con Philemmon, y recuperar el alma de Astarté. El brillo del mazo le permitió seguir su trayectoria y no perderlo de vista. De repente el elfo pronunció una palabra y el mazo se detuvo a escasos centímetros de su rostro. Era parte del tesoro de su pueblo, robado por Orome, por lo que pensó que el agresor sería alguno de sus secuaces. Así que reaccionó con gran rapidez y con un mandoble cortó casi todo el muslo de Eric, dirigió su segunda espada hacia la garganta mientras arrancaba un brazo y se lo daba a su tigre de dientes de sable que había aparecido de la nada. Entre los dos se comieron el brazo de Eric. Tras esto se acercó a reconocer a su víctima, que comenzaba a recuperarse. Reconoció a Eric.

 

- ¡Anda, qué fallo más absurdo!- dijo el elfo.

 

- ¡Qué puta gracia diría yo!- repondió, visiblemente enfadado, Eric.

 

- Pues la verdad es que la tiene.- comentó Ulmo, y se rió de él a la cara.

 

- ¿De qué te ríes?- dijo Eric.

 

- Pero si no me estoy riendo - contestó Ulmo.

 

Ulmo decidió acompañarle hasta el pueblo más cercano, donde podría preparar un ungüento azul de muy complicada preparación y cuyos ingredientes eran muy escasísimos, y que se obtenía de unas entidades bioilógicas extraterrestes conocidos por el nombre de pitt-u.f.o.s. Con ese ungüento las heridas de Eric podrían cicatrizarse. Así que se pusieron en camino con la ayuda del tigre de dientes de sable. Llegaron rapidamente a un extraño pueblo en el que todos sus habitantes, o por lo menos la mayoría de ellos, vestía una chillona vestimenta azulgrana. Sólo había un casino en el pueblo, y estaba en la más completa ruina por la suerte que tenían los habitantes. Se dirigieron hacia una posada. El posadero, al ver el amenazador rostro del elfo negro, aceptó sin dicutir, a pesar de que tuvo que degollar a unos cuantos invitados para hacer sitio. El posadero, que llevaba la cabeza rapada, como era costumbre en ese lugar, decidió desangrar los cuerpos de sus ex-invitados y mezclar la sangre con el vino, para ahorrarse con esta técnica unos cuantos litros de vino y unos cuantos maravedíes. A Ulmo le gustó muchísmo ese vino. Mientras bebían se oyeron unos gritos y ruidos de pelea. Ulmo se asomó a la ventana y vio una lucha entre dos facciones. Se trataba de los comandos boinistas contra los grupos antiboinistas de liberación del sombrero de ala ancha. Ulmo abandonó a Eric en una habitación y salió a la calle. Limpió sus espadas de mithril hasta que brillaron tanto como sus negros y brillantes ojos. Comenzó a "entretenerse". Sus movimientos eran rápidos, precisos y mortales. Sus espadas parecían una continuación de sus brazos. Ulmo se dedicó a cortar cuellos y yugulares; y a abrir cráneos para machacar el cerebro. Otros caían intentando sujetarse las vísceras que se les escapaban de sus manos y de sus cuerpos y se quedaban tiradas en el suelo, donde eran pisoteadas despiadadamente por enemigos o compañeros miopes, mientras la vida se les escapaba por los pulmones. Otros caían partidos por la mitad de su cuerpo emitiendo gritos desgarradores y desesperados de dolor, agonizando irremisiblemente, tirados en el suelo, desangrándose rapidamente. En unos pocos minutos la plaza quedó sembrada de cadáveres y todavía resonaban los ecos de la muerte. La muerte se reflejó en los ojos de Ulmo. Saltó de lado a lado machacándoles el cráneo a los supervivientes o bien deshuesándolos.

 

Decidió que ya había llegado el momento de salir a buscar a los pitt-u.f.o.s. A su paso todas las casas del alrededor comenzaban a arder con esas fantasmagóricas llamas violáceas. Destrozaba a cualquier viandante haciéndoles atravesar las gruesas paredes de las casas, les giraba trescientos sesenta grados la cabeza, dislocaba todas las articulaciones y sorbía su médula espinal; dejando un rastro de destrucción, muerte y desolación a su paso. Su sed de sangre y destrucción era insaciable. Tras un breve camino, y sin más incidentes señalables, comenzó a oir un estremecedor crujido bajo sus botas. Se trataba del ruido que realizaban aquellos diminutos seres, los pitt-u.f.o.s, al ser brutalmente aplastados por Ulmo. Destrozó sus casas y capturó a unos cuantos. Llegó a una casita más alejada y arrancó el tejado. Dentro encontró a papá pitt-u.f.o. y a la pitt-u.f.ina manteniendo una placentera "charla". Decidió cortarles la cabeza para ponerlas en el mango de sus espadas.

 

En ese momento apareció un maléfico brujo que reivindicaba la pertenencia de los pitt-u.f.o.s. Se llamaba Gragramell. Formuló un hechizo para atraer a un Elemmental que destruyera al elfo negro. Pero su magia se volvió inestable, algo falló en el hechizo, el Elemmental comenzó a tomar forma dentro de él. Comenzó a hincharse en su cuerpo, sus costillas comenzaban a ceder, las entrañas se le corroían y su alma comenzaba a arderle dentro del cuerpo. El terror se reflejaba en sus ojos, sentía que el hechizo escapaba de su control. En aquel momento cedió la unión de las costillas con el esternón, su corazón amenazaba con explotar. Finalmente, su caja torácica, las costillas rasgaron musculos y piel y Gragramell cayó muerto con las costillas abiertas. Ulmo lo miró, en un principio con desprecio, y después deternillándose de risa. Pasó por encima de su cadáver.

 

Llegó a la posada y comenzó a preparar aquel emplasto con propiedades extratarrestes que salvaría la pierna de Eric. Machacó a los pitt-u.f.o.s haciendo caso omiso de sus chillidos de dolor y los puso en un paño. Tras un par de días el paño tomó un color azulado y un olor rancio y enmohecido. Durante esos días de estancia en la ciudadelinha culé se sucedieron asesinatos brutales y despiadados: gente ahorcada con las tripas del vecino, gente a la que golpeaban contra el suelo hasta que el cerebro se convertía en una papilla viscosa y amarillenta, ojos segados por una navaja de afeitar sucia y vaciados por una pala excavadora, etc... vamos, nada demasiado peculiar.

 

Llegó el momento en que tenían que continuar su camino. Ulmo llegó al mostrador de la posada balanceando distraídamente el mazo.

 

- ¿Donde puedo encontrar buenos caballos?- le preguntó al posadero.

 

- Los mejores picos los tiene el "Holandés"- contestó el otro, con cara de yonkie.

 

- ¡Imbécil! ¡Retrasado mental!- gritó Ulmo, y amenazadoramente le agarró del cuello- ¡Escuchame bien, pollo! ¡Quiero caballos de los de cabalgar miles de kilometros sin cansarse! ¡No esa otra mierda!

 

El posadero, aterrado, les indicó donde estaba la cuadra, pero también indicó que tendrían que pagar las habitaciones y una fianza por los caballos, para no correr el riesgo de que se fueran sin pagar. Un segundo después ya se arrepentía de haber dicho eso. Ante las amenazadoras miradas de Eric y Ulmo sacó una magnum 48 y les miró con una sonrisa maliciosa. Ulmo formuló un hechizo del mazo que había descubierto hacía un par de días mientras dos niñas gemelas morían entre estertores.

 

- ¡Azebac al elacnarra, Sojo sol elacas!- gritó Ulmo entre aspavientos y movimientos secretos del mazo.

 

Se oyó un gran estruendo. Al instante una columna de fuego cayó sobre el humano que todavía empuñaba el arma. Intentó disparar pero el revolver explotó en su mano, y su cuerpo comenzó a cuartearse y derretirse, quedando reducido a un charco de color gañán.

 

Después de ese incidente sin importancia fueron a buscar los caballos. Ulmo eligió uno totalmente negro, mientras que Eric se decidió por uno marroncillo que parecía rápido y resistente.

 

Decidieron visitar al alcalde de la ciudadelinha culé antes de abandonarla. Se trataba de un tipo con la cabeza rapada (que raro), mandíbula prominente y sus dos grandes palas le sobresalían de la boca. Al verlo comprendieron porqué la mascota culé era un conejo. Le dieron las gracias por las prácticas de desmembramiento gratis. Eric quiso volver a practicar un poco porque llevaba mucho tiempo sin torturar a nadie. Ulmo se limitó a enganchar al alcalde por las orejas con un par de fuelles y lo colgó del techo. Eric comenzó con unos cortes en los muslos. En vista de lo molestos que resultaban los gritos resolvió cortarle las cuerdas vocales para que no hiciera tanto ruido. Más tarde amputó los brazos. Después terminó lo que había empezado con las piernas, hasta que éstas quedaron reducidas a un montoncito de carne y sangre. Entonces Eric le dijo: "¡Bueno, tronco, nos abrimos!". "Sí, pero todos" añadió Ulmo. Y acto seguido le cortaron por la mitad dejando a la vista las entrañas. A pesar de la sangre que manaba por todas partes pudieron distinguir que las costillas eran de color blaugrana.

 

Eric y Ulmo salieron del ayuntamiento y le prendieron fuego. Se marcharon del pueblo, que ardía por los cuatro costados.

 

En el mismo instante en que salían de la ciudad, perdón, del crematorio, Eric reconoció a los hombres de las gabardinas que vio en casa de Apolo. De entre ellos paró al agente Muldex.

 

- ¿Qué pasa? ¿Qué haces tú por estos parajes?- le preguntó.

 

- Hemos tenido noticias de la existencia de una colonia extraterrestre instalada en las cercanías. He salido en su busca. El gobierno no puede ocultar la verdad. ¡Vamos Eskaly!- respondió Muldex, prosiguiendo su camino seguido de su pelirroja compañera.

 

Ulmo y Eric se miraron entre sí y sonrieron maliciosamente. Al cabo de un rato ya no pudieron reprimir la risa y se retorcieron de gusto en el suelo durante un rato recordando los divertidos episodios que habían vivido en esos últimos días.

 

Por fin recuperaron la compostura y continuaron su camino. Al cabo de unos minutos vislumbraron una silueta al lado de un lago de formol. Era una mujer, que les dijo:

 

- Me llamó Zorroaine y vengo de Morder. Quizá con Travolti os llevéis una desilusión...

 

- ¡Callate, puta zorra de mierda!- respondió Eric- ¡lásciva asquerosa, chupapollas de tres al cuarto, montón de caca de vaca, meadero de cerdos, incestuosa que se lo hace con...!

 

- Tranquilo Eric- le interrumpió Ulmo- déjame a mí.

 

Ulmo empuñó su mazo y salió corriendo hacia ella. Su golpe llegó a su destino. Ulmo seccionó el cuello de la mujer y con un segundo golpe la envió al lago de formol. El cuerpo comenzó a humear, se estiró como la goma y se fue deformando hasta perder toda forma humana. Quedó convertida en una especie de crema encima del líquido. Hecho esto, se marcharon del lago entre carcajadas.

 

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