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La Historia Paranoica

CAPITULO 3

Habían pasado tres meses desde que Apolo muriese. Eric, en sus ratos libres, seguía pensando en quién pudo haber sido el asesino, y el que más posibilidades tenía hasta el momento era Quentino Tarantizno, pero nunca se atrevía a ir en su búsqueda ya que seguramente significaría su muerte.
Tarantizno era el jefe de O´Torintia, la capital de la región de Komer. Siempre había sido una persona odiada entre los amantianos. Era una persona muy ambiciosa que deseaba hacerse con el poder del Imperio. La rivalidad entre los dos pueblos se remontaba a los tiempos de las invasiones bárbaras al Imperio Romano. El pique más cercano al tiempo presente fue la derrota de Amantis frente a O´Torintia en la semifinal de la Copa del Emperador, con una más que polémica actuación arbitral. En el minuto noventa y dos se pitó un penalty muy dudoso a favor de O´Torintia. Roxnaldo no falló y Amantis cayó eliminado.
Otra razón por la que no podía marcharse del pueblo era la cercanía de su boda con Zintia. No podía abandonarla en esos momentos. Zintia, por su parte, sólo soñaba con el día de la boda, se imaginaba una y otra vez la ceremonia, nunca igual, nunca distinta. Pero, en el fondo, le preocupaba mucho Eric. Desde que murió Apolo Eric no parecía el mismo. Se había convertido en un ser distante y frío. A pesar de ello Zintia le seguía amando con locura.
Por fin llegó el día de la boda. Era un día hermoso, como en las bodas de las películas. Zintia cambió el blanco por el verde, ya que le pareció más apropiado para ese día (siempre se había rumoreado que era una chica rarita, no se sabía bien si era porque habían puesto alcohol en su sucedáneo de sangre o por haber conocido de niña a un tal Valentín). Eric, sin embargo, no se había preocupado en vestirse. Se puso el viejo y único smoking que tenía en casa. Su vestuario no le preocupaba. Todavía le estaba dando vueltas a la cabeza. ¿Quién fue el asesino de Apolo? Por fortuna acabo decidiendo salir de casa y marchar hacia el altar.
Momentos después Eric estaba esperando frente al clérigo a que llegase Zintia. Todos los invitados ocupaban sus asientos y todos se fijaron en el aspecto desaliñado y decaído que presentaba Eric. Cuando estuvo todo listo entró Zintia del brazo de Coral, avanzaron hasta el altar y la ceremonia comenzó.
- Queridos hermanos- comenzó el clérigo- Que la paz de Thor sea con vosotros (y con tu espíritu). Y que Tomor Comor, dios del amor, bendiga esta ceremonia y a estos jóvenes que van a intercambiar su alma irascible y van a entregársela a Tomor Comor, para que las dirija sabiamente hasta el fin de los tiempos... Tú, Zintia, ¿quieres el alma irascible de Eric?
- Sí, quiero- respondió Zintia.
- ¿Y tú, Eric, lo mismo pero al revés?
- ¡Por Platón!¡Ya lo tengo!- vociferó Eric, que se había mostrado distraído durante toda la boda.
Todo el mundo se quedó en silencio, mirándose entre ellos y levantando los hombros en señal de extrañeza.
- ¡El asesino es Jhonny Travolti!- gritó Eric, y dirigiéndose a Zintia dijo- Espera un momento, ahora vengo- Y sin más, se fue.
- ¡Eric!- gritó Zintia- ¡¿Donde coño vas?!
- ¡A vengar a tu padre!- respondió.
- ¡Jo, Eric! No es justo...
- Te juro que volveré en seguida.
- ¿Me lo juras de verdad?
- Que sí, chica, que te lo juro de verdad de verdad.
- ¿De verdad de verdad de la buena.?
- Sí.

Eric se marchó raudo y veloz montado en su blanco caballo, dejando atrás a los asistentes de la boda, los cuales le veían desaparecer por el lado izquierdo, mientras una sombra sin dueño pasaba velozmente detrás de la nube de polvo que cegaba a Eric.
Habían pasado cinco días desde que Eric colgase a Zintia en el altar. Había ido preguntando de posada en posada, a ver sí había algún rastro de Jhonny Travolti, pero nadie lo había visto, y seguramente no lo verían si pasase delante de ellos, ya que todos los habitantes de la región estaban atontados con un nuevo juego. Se trataba del juego de dominar los elementos. Gracias a unas cartas mágicas se podía controlar a voluntad los cuatro elementos, fuego, tierra, agua y aire. Con estos poderes se destruía al rival. A pesar de lo que podría parecer, se trataba de un juego inofensivo. A Eric le enseñaron a jugar en una posada pero con tanto rayo y bola de fuego el pobre acabó un poco mareado, por lo que decidió abandonarlo. No obstante decidió comprar como recuerdo una carta. Este hechizo se lo compró a un ciego por una moneda de plata. En la carta que le dio el ciego ponía "Black Lotus".
Y así, Eric siguió su viaje. Había recorrido ya más de lo que jamás soñó recorrer, más que Martín Fiz, y, quita, más de lo que tuvo que recorrer Jesús Gil para poder comprar un perrito caliente el día aquel que prohibieron vender carne en el mundo por el asunto de las vacas locas. Eric, cansado y hambriento, descansó un poco, para luego proseguir la marcha por unas montañas en las que hacía mucho frío, y llegar después de mucho andar, al primer pueblo en el que le diesen noticias de Jhonny Travolti. El pueblo estaba al lado del mar, y en él vivía gente muy agradable, desde el jefe hasta un pequeño soltero bigotudo que no dejaba de incordiar, pasando por un bardo que cada vez que cantaba hacía que lloviese.
El acogimiento en dicho pueblo fue del agrado de Eric. Le ofrecieron buena comida durante los días que estuvo allí. La gente del pueblo se prestaba a responder a las preguntas que le formulaban sobre el paso de Jhonny Travolti por esas tierras. Así mismo a Eric no le quedó más remedio que aprender a jugar a los elementos, pues también ahí era un juego muy popular para las tardes de lluvia (que eran todas, pues al bardo no le podían hacer callar). Todo el mundo le quería enseñar a jugar, y todo el mundo jugaba con él y le decían que tenía que hacer, excepto el soltero bigotudo que se hacía llamar Asteris que se ve (según las malas lenguas) que a falta de amante o esposa se lo montaba con un gordo hortera y su perro.
Pero, como todo, su visita al pueblo concluyó y Eric se fue en la dirección en la que le habían dicho que se había marchado Jhonny Travolti, no sin antes recibir el presente de un viejo loco. Se trataba de una pócima que, según el viejo, al beberla sería el hombre más fuerte del mundo y nada podría detenerle (excepto un metal muy raro llamado kriptonita o una buena patada en los huevos). Podría incluso acabar con los romanox que rodeaban la aldea. Eric se despidió y guiñó el ojo a Fabala, a la que, según ella, había quitado la virginidad, pues fue el único hombre hasta ese momento que había sido capaz de pegarle mientras le penetraba.

CAPITULO 2

CAPÍTULO II.

Al atardecer, cuando Eric ya se disponía a cenar, alguien llamó a su puerta. Era Zintia, que venía toda mojada.
- Pero, ¿qué haces aquí?- preguntó Eric.
- Calla. Ha ocurrido algo horrible. Esto es muy importante. Coge tu abrigo y ven conmigo- Zintia hablaba rápidamente y su voz temblaba.
- Ya voy- respondió Eric.
Ya en la calle, bajo la intensa lluvia y calados hasta los huesos Eric preguntó:
- Bueno, ¿me vas a contar lo que pasa o no?
- Apolo... Verás... Apolo ha muerto.
- ¡¿Qué?! No lo dices en serio. No puede ser.
- Yo al principio tampoco lo acepté, pero después de ver el cadáver...- Zintia se estremeció.
- ¿Como ha sido?- preguntó Eric.
- Ha sido asesinado. Bueno, la verdad es que no están muy seguros de lo que ha pasado. Es mejor que lo veas por ti mismo. Ya estamos llegando.
Eric aceleró el paso y por fin llegaron a la cabaña del viejo jefe. El suceso había reunido a mucha gente. Todos estaban asustados y confusos. Nadie sabía con certeza que había pasado en la cabaña. El FBI había acordonado la zona. Eric pudo pasar gracias a su posición en el Consejo.
- ¡Por Thor!- exclamó, horrorizado ante el espectáculo que tenía frente a sí- ¿Qué demonios ha pasado aquí?.
La habitación estaba llena de sangre. Había manchas de sangre por el techo, por las paredes y por el suelo. Apenas podía reconocer esa habitación en la que hacía una semana "cenaba" muy a gusto con Apolo. Le costó distinguir el cadáver, pero por fin lo identificó. Le habían arrancado las piernas y su cara estaba totalmente desfigurada. No pudo seguir mirando. Se dio la vuelta y vomitó. Después de eso se desmayó.
Los instantes siguientes resultaron bastante confusos. Gente que entraba y salía, gritos, órdenes dadas por un tipo con el pelo corto, nariz pronunciada y abrigo largo y negro, y llantos de una mujer sentada en una silla, junto a la que había una bella joven. Mucha gente vestida de negro se movía a su alrededor, hablando nerviosamente, palabras que no podía entender. Poco a poco, Eric fue recuperando el conocimiento. Entonces reconoció a Coral sentada a la silla. Junto a ella estaba su sobrina Astarté. El cadáver de Apolo ya no estaba allí. En ese momento el hombre del abrigo negro se le acerco y le dijo:
- Agente especial del FBI Muldex. Quisiera hacerle unas preguntas.
- Adelante - respondió Eric.
- ¿Conocía usted a la víctima?
- Sí, era para mí como un padre.
- ¿Cual cree usted que fue la causa de su muerte?
- ¿Paro cardiaco, quizás?¡Cómo quiere que yo lo sepa!¡Esto está siendo muy duro para mí, así que acabe pronto o perderé los nervios, maldito burócrata yanqui!
- Está bien, está bien, tranquilo. Ya la última. ¿Conoce a alguien que tuviera alguna razón para desear su muerte?
- Espero no conocer a nadie capaz de semejante atrocidad.
- Gracias, ha sido de mucha utilidad, ya puede marcharse - dijo Muldex, quien en ese momento se volvió a su compañera, Eskali, para explicarle una extraña teoría sobre magia negra y vudú a la que Eric no hizo ningún caso.
Estaba muy cansado y volvió a su casa. no quería saber nada más de este asqueroso mundo. ¿Como podían haberle hecho algo así a la persona más justa del mundo, que era incapaz de hacer daño a una mosca?(bueno, exceptuando aquella ocasión en que le dio por torturar a una que le había picado). Todo el pueblo le quería y estaba claro que todos le echarían de menos, ya que se acabaría la anarquía.
Mientras él volvía a su casa empezaron a ocurrir unos sucesos que iban a cambiar el devenir del pueblo.
Rosanis, al enterarse de la noticia fue corriendo al lugar del suceso. En seguida se dedicó a calmar a las numerosas personas que se habían reunido allí. Su discurso fue el siguiente:
- ¡Ciudadanos!¡Apolo ha muerto!¡Este es un capítulo muy triste en la historia de nuestras vidas!¡Apolo recibirá los honores que se merece un rey!¡Todos debemos tener presente su enseñanza y su ejemplo, y tenemos que saber elegir nuestro camino a partir de este momento!¡Convoco una asamblea para mañana mismo a la mañana en la que me elegiréis vuestro nuevo jefe!¡Espero veros...
- ¿Y por qué no hacerla ahora mismo?- interrumpió una voz. Todo el mundo giró la cabeza hacia la persona que había interrumpido la perorata de Rosanis. Era Arteniáin.
- ¡Vaya, Arteniáin! ¡Por fin apareces!- le recriminó Rosanis - ¿Se puede saber donde demonios estabas? ¡Hace ya más de tres horas que te estamos esperando!
- Eso no importa, lo que importa es elegir al nuevo jefe, y, no es por echarme flores, pero por mi puesto en el consejo y por mis aptitudes soy la persona más adecuada para ocupar ese puesto.
- ¿Ah sí?- dijo una voz de la multitud - ¿Y cómo sabemos que no has asesinado tú a Apolo para ocupar su puesto?
Un clamor de murmullos surgió de repente, primero suave, para convertirse paulatinamente en una algarabía de amenazas y gritos. El agente Muldex paró este lío para decir:
- Caballeros, lo mejor que pueden hacer es votar a su nuevo jefe democraticamente.
Tres horas después, cuando ya surgía el Sol, la votación había acabado. Se tuvo que repetir cinco veces por irregularidades e incorfomidades. Finalmente el jefe resultó Arteniáin, gracias al apoyo que recibía del ejército y de la fábrica de armas. Un nuevo periodo nacía para la aldea de Eric, y lo hacía bajo las sombras y las dudas de un asesinato, una votación amañada y muchos otros interrogantes que no encontrarían respuesta hasta mucho tiempo después. ¿Quién lo hizo?¿Por qué?¿Cómo? Eran incógnitas que nunca tendrían respuesta.
Mientras tanto, en una oscura caverna, dos extraños sujetos mantenían una intrigante conversación:
- Milord, os comunico que Apolo ha muerto como ordenasteis.
- Bien, bien... Ahora ya podemos avanzar para conquistar Amantis. ¡Rápido!¡Llama a los wargos y a los orcos antes de que se maten entre ellos! Alea jacta est.

CAPITULO 1

CAPÍTULO I.

Habían pasado nueve meses desde el cierre de la Escuela de Magia y ahora, en Amantis, con motivo del aniversario de la ciudad, se estaba celebrando una gran feria a la que habían acudido gente de más alla de las fronteras de Lindon, gente que venía principalmente de los sitios más cercanos como de la Comarca y de Lossoth, atraídos sobre todo por las fresas y por los libros que habían llegado desde Lamelon.
-¡Buenos días!- le dijo Eric a Zintia, la hija de Apolo y Coral- ¿Qué tal estás?
-Con un poco de calor- respondió ella- pero se puede aguantar. ¿Quieres ir a dar una vuelta?
Eric se sonrojó ligeramente y aceptó. Zintia sabía muy bien que Eric le quería. Ella también le amaba con locura, pero nunca, ni él ni ella, se habían atrevido a confesárselo. Ella esperaba a que él se lo propusiese, y él... ¿Quién sabe a qué? Mientras tanto, se limitaban a dar largos paseos juntos y a cruzarse las miradas de vez en cuando. Se dirigieron hacia los árboles que estaban en frente de la cascada, para protegerse del fuerte calor bajo una buena sombra. El viaje duró algo más de lo normal, pues se pararon a recoger algunas flores para la madre de Zintia. Por fin llegaron al pie del gran árbol negro. Según las leyendas de los viejos elfos este árbol tenía más años que el anciano Tom Bombadil. Algunos hasta dicen que fue él mismo Tom quien lo plantó. Pero esa es otra historia. Lo cierto es que ese árbol, lo plantara quien lo plantara, proporcionaba una agradable sombra para esa calurosa tarde de julio.
-Oye Eric. He estado pensando que... - Eric se ruborizó. Ese gesto que hacía Zintia con el pelo le fascinaba.
-¿En qué has estado pensando?- Le preguntó.
-Pues,... en como hacer esto- Entonces se acercó a Eric y le besó. Eric se quedó sin saber que hacer, el color se le subió por todo el cuerpo y se le puso la piel de gallina. Cuando por fin logró reaccionar, Zintia estaba esperando respuesta. Eric acercó sus labios a los de ella, y ambos se fundieron en un beso lleno de amor.
Un rato después volvieron al pueblo en un paseo que se les hizo muy corto, ya que de lo enamorados que estaban no querían que ese momento acabará nunca y hubieran deseado que el tiempo se detuviese. Pero, como todo, el paseo se acabó y llegaron al pueblo. Allí se separaron pues no les gustaba que la gente les viese juntos, por miedo a las malas lenguas.
Zintia se dirigió hacia su casa para ayudar a su madre a preparar la cena. Al llegar, su madre le notó una extraña sonrisa. No necesitaba preguntarle de qué era pues ya lo había adivinado.
Eric se dirigió a la taberna. Una vez allí se fijó en un nutrido grupo de gente que estaba escuchando atentamente a un hombre que debería estar sentado en la mesa del centro y al que Eric no podía ver. Cuando Eric se acercó comprobó que así era. Allí estaba él, un hombre ataviado con una túnica azul oscura de la cual salía una capucha que hacía invisible el rostro del orador. Su voz era profunda y grave, lo cual hacía que la conversación pareciese interesante, así que Eric se puso a escuchar.
- Y ahora os voy a dar una noticia que me llega desde E´Othraim- dijo el extranjero- Según tengo entendido, el terrible reino de Morder ha sido conquistado por unas tropas de orcos ayudados por todos los wargos de la región. Sé que parece increíble, pero no os lo contaría si no fuera cierto. Están ayudados por una enorme fuerza maligna y además...
- Además los dioses se me han aparecido y me han dicho que yo soy uno de ellos. ¿Pero tú te crees que nos vamos a creer eso? Tú estás loco, ¿verdad?
De repente todo el salón se llenó de risas irónicas hacia el extranjero, y toda la gente allí congregada se dispersó y se marcharon a sus casas. Ya no era hora de estar por la calle contando historias idiotas. Eric no se marchó a casa sino que se quedó quieto en frente del extranjero. Este, al verlo, le invitó a sentarse.
- ¿Por qué no te has marchado como el resto?- le preguntó.
- Si te digo la verdad, es que tu historia me ha parecido muy entretenida y me gustaría saber como acaba.- le respondió Eric.
- ¡Idiota!- exclamó el extranjero, enfurecido - ¡Os he dicho la verdad, y si no te das cuenta por ti mismo allá tú, pero yo ya te he advertido!¡Adiós!
Seguidamente se levantó y se marchó al igual que los anteriores. Eric se quedó solo y vio que el extranjero se había dejado un anillo en la mesa. Eric lo cogió, pero se quemó la mano y lo depositó en su bolsillo. Decidió que lo mejor era marcharse a casa. Cogió su abrigo y se marchó. La noche era fresca, por lo que se apresuró para llegar a casa. Una vez allí encendió el fuego y se dispuso a darse una ducha caliente. Después Eric se calentó la cena, para seguidamente deslizarse por su cama y quedar profundamente dormido.
El día siguiente amaneció lluvioso, y así prosiguió durante el resto del día. Las calles estaban vacías y los pocos que se atrevían a salir las atravesaban corriendo y tapándose con cartones la cabeza. Eric se pasó todo el día en casa ordenándola, limpiándola un poco y observando el extraño anillo que había quitado al anciano. No imaginaba que ese mismo día iba a caer la sombra del horror sobre el pueblo.

INTRODUCCION

LA HISTORIA PARANOICA.

INTRODUCCIÓN.

-¡Despierta ya, pedazo de vago!- gritó Coral a su esposo - son más de las doce. ¿Cuándo piensas ir al consejo?-. Apolo se levantó refunfuñando, se vistió con su vieja capa negra y, sin desayunar, partió hacia el consejo.
Nada más atravesar las primeras calles, el viejo jefe se encontró a Eric, un joven guerrero que representaba a su escuela en el consejo. Esta escuela era una de las más duras de la región, y Eric no había llegado hasta su puesto por la cara, lo había conseguido al derrotar en una lucha a muerte al anterior representante. Esto, al principio, no le sentó muy bien a Apolo, ya que el anterior representante era sobrino suyo; pero al cabo del tiempo se dio cuenta de que ese familiar suyo era un estúpido y lo único que había conseguido era manchar el nombre de su familia tomando muchas decisiones equivocadas mientras ocupaba su puesto en el consejo. Además, descubrió que el joven Eric, además de fuerte y valiente, era una persona inteligente y honrada. Por todo eso decidió hacer las paces con él, al que desde entonces considera como un hijo.
-¡Buenos días, señor Apolo!- dijo Eric -No le importara que le acompañe al consejo, ¿verdad?-. Apolo no le escuchaba. Iba pensando en el extraño sueño que había tenido y que le tenía intrigado. Eric, para no molestarlo, se limitó a seguirlo por los callejones que llevaban al consejo. Cinco minutos más tarde llegaron al consejo y Apolo se despidió de Eric, ya que ocupaban sitios muy distintos y bastantes separados en el consejo.
Apolo, después de saludar a los asistentes, dio comienzo a la sesión y cedió la palabra a Arteniáin.
- Señores,- comenzó -como ya saben, estamos aquí para discutir el tema del cierre de la Escuela de Magia. Como es sabido, la magia ya no interesa a nadie en estos tiempos actuales.
-¡Eso es inadmisible!- le interrumpió gritando Rosanis- ¡Si la gente ya no se interesa por la magia es porque el consejo está condicionando al pueblo para odiarnos!
-¡¿Qué les condicionamos para odiarlos?!- replicó Arteniáin- Señor, eso es imperdonable.
-Señores, que haya paz. Estamos aquí para decidir sobre un asunto que le cuesta al consejo más de dos mil quinientas monedas de oro al año, así que no se peleen y expongan sus argumentos- dijo Apolo, zanjando la discusión- Ahora le toca a usted, señor Rosanis. ¿Qué tiene que decir a favor de la escuela?
-Pues, la verdad, poca cosa en cantidad, -comenzó Rosanis- pero muy grande en cuanto a importancia. Ustedes tienen razón cuando dicen que la Escuela de Magia resulta muy cara, pero considero que no por ello hay que cerrarla, ya que esta Escuela constituye la única, y por tanto la mejor, defensa contra los posibles ataques de magos enemigos...
-Nos valemos de nuestras armas. ¿Qué más necesitamos? Además, la mayoría de las historias sobre magos son leyendas. Actualmente, la ciencia ha...
-¡Cállate ya, Arteniáin! -Y sin más le convirtió en un ratón, que escapó asustado debajo de su asiento.
-Señores, ¡déjense de juegos!- Exclamó Apolo- Prosiga Rosanis.
-No, si ya he acabado- contestó.
-En ese caso es la hora de votar. Por favor, si tienen el gusto de...
Una hora después el recuento había finalizado con treinta y cuatro votos a favor del cierre y dos en contra. La Escuela de Magia quedaba cerrada.